
A menudo escucho en reuniones de trabajo, frases parecidas a las siguientes:
“¡Qué bien Fulano! ha resuelto el problema con mucho sentido común” o “Valoramos mucho a este creativo por su gran sentido común”.
Y ante las ganas irrefrenables de levantarme, dar un portazo y no volver nunca más, pienso en que vivo de lo que vivo, y me quedo asintiendo con la cabeza como un tonto mientras desvío ligeramente la mirada para disimular mi indignación.
Cuando me pregunto a qué llama la gente Sentido Común, caigo en la desgaciada conclusión de que saben exactamente qué significa, y lo que es peor, lo usan con minuciosa propiedad. Lo cual aumenta considerablemente mi desazón, porque si fuera sólo un problema semántico, bastaría con aclarar el significado.
El sentido común es el más mezquino de los sentidos. Es el sentido imperante, el que mantiene el status quo, el sentido más burgués, el que hace prevalecer siempre el menor esfuerzo por sobre la calidad. El que valora la eficacia por sobre la eficiencia.
El sentido común nos garantiza la subsistencia (Si me enfrento a un león hambriento, huyo). Pero no nos proporciona ninguna mejora sustentable.
El sentido común es el antagonista absoluto de la creatividad, del librepensamiento. Nos ata a lo establecido. Nos propone soluciones remanidas, nos hace repetir errores (si me enfrento a otro león hambriento, vuelvo a huir).
Con sentido común no se hubiera escrito ninguna poesía, ni se hubiera compuesto ninguna gran obra musical, ni se hubiera mentado ninguna revolución, (Alejandro Dolina DIXIT) pero sí, con sentido común se propician guerras.
Algunos ejemplos:
Si una ciudad se colapsa de coches: ¿Qué me dice el sentido común?
Que construya más vías de circulación.
Si construyo una casa en un sitio caluroso y necesito refrigerarla: ¿Qué me dice el sentido común?
Que le instale aire acondicionado
¡DESPERTAD SEÑORES! ¿De verdad tiene algún valor ser poseedor de un “gran sentido común”?
Probablemente, si quienes toman las grandes decisiones políticas económicas y sociales tuvieran menos sentido común y más sentido creativo, estaríamos ante otra realidad más amigable.
¿Qué tal si en lugar de usar el sentido común intentamos aprender a PENSAR? a lo mejor no nos va tan mal.
Andy-2011

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